martes, 1 de diciembre de 2009

De las letras rumiantes....

Rumiar: masticar por segunda vez, devolviéndolo a la boca, el alimento que ya estuvo en el estómago. Supongo la definición resulta extraña y hasta repulsiva para los humanos, sin embargo, es la forma cotidiana en que los artiodáctilos ingieren el alimento, y claro, les introduzco a los artiodáctilos: vacas, camellos, bovinos, ovinos y caprinos. Hace mucho que esta idea rondaba mi cabeza, que como estómago pretendía digerir la comlejidad de tal fenómeno. Después de tanto procesarlo, di con el punto que esperaba: las vacas son mas listas que nosotros!!! (Quiza por eso son figuras sagradas en la India)
Las vacas llegaron y se quedaron en mi mente, por unos días, sus constantes muuuujidos, me obligaban a pensar y a pensar y a reflexionar y a pensar hasta que caí en la cuenta de que por fin estaba rumiando. Mis palabras volvían a la boca sin querer salir, se quedaban rato anidando en mi lengua mientras me seguían nutriendo con su magia. Si, estaba rumiando. Mi estómago literario de repente se había fragmentado en varias partes que digerian suave y exquisitamente cada letra, cada palabra, cada idea, cada nostalgia y todas las verdades. Ahora yo misma era una vaca, regurgitando el castellano.
Desde aquél dia, no tuve más remedio que rumiar lo que escribo para que otros rumien conmigo o a solas lo que tengo que decir. Así parí a la poesía rumiante.
P.D Coma letras y verduras, cuando menos, una vez al día.

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